
El Blues Tatuado
Descubrí la música de Rory Gallagher muy tarde. Ya entrado el siglo XXI. Es algo de lo que siempre me arrepentiré. Son muchos años sin disfrutar de su legado, que es una Música Honesta, como él mismo, hecha de energía, sudor y talento.
Soy un ávido lector de revistas del género, y conocía la imagen icónica, con su melena ensortijada y rojiza, su camisa de cuadros, sus pantalones vaqueros desgastados y su Fender Stratocaster Sunburst de 1961, llena de desconchones en su pintura, dicen que en gran parte por su sudor, altamente corrosivo debido a su raro grupo sanguíneo, el AB negativo, pero desconocía la parte fundamental del mito: LA MÚSICA.
Fuera del escenario era una persona muy educada y tranquila, un caballero romántico del siglo XIX, según quienes le conocieron. Humilde, tímido y hermético, que se dedicaba, sobre todo, a su música, pero que también era un ávido lector de novela negra, y muy aficionado a las pintas de Guinness y a los chupitos de whiskey irlandés Jameson. Pero encima de las tablas, armado con su Fender, se transformaba en una fuerza de la naturaleza, que no paraba de moverse y sudar durante todo el concierto.
Aparte de su dominio de la guitarra en sus diversas variantes, aprendió a tocar de forma autodidacta diversos instrumentos de cuerda, como el banyo, la mandolina, el dobro, el bajo y el sitar. Y también la armónica y el saxo alto.
Tras la separación de Taste, y ante la imposibilidad de utilizar el nombre, comenzó su carrera en solitario, publicando un disco homónimo que contenía blues y rock and roll. Alcanzó el puesto 32 en la lista británica, y fue escogido como mejor músico del año por la revista Melody maker, por encima de Eric Clapton o Jimi Page. Su mánager era ahora, y lo sería siempre, su hermano Dónal.
Tenía un contrato por 6 discos con la casa discográfica Polydor, que había publicado los discos de Taste, y en apenas tres años frenéticos les proporcionó esa media docena de rodajas de plástico.
Seis meses después apareció Deuce, y aunque al principio no recibió muy buenas críticas, acabó siendo considerado uno de sus mejores trabajos. En realidad, no tiene un solo disco malo, ni siquiera mediocre.
No conforme con grabar dos discos a su nombre en este 1971, participó en el disco del bluesman Muddy Waters, uno de sus ídolos, en el disco London Sessions, el único de los suyos que entró en las listas británicas. Y justo antes de acudir a grabar al estudio con el músico negro, había realizado alguno de sus catárticos conciertos, pero para él no suponía una carga todo ese trabajo.
Durante algunas actuaciones en febrero y marzo de 1972, grabó su primer elepé en vivo, Live in Europe, que alcanzó el puesto número 9 en las listas inglesas y debutó en la lista americana de forma muy modesta, en el puesto 101, lo que no podríamos considerar un éxito, pero le dio a conocer al otro lado del charco. Y es una buena forma de entrar en su discografía. Rory se vaciaba sobre el escenario, dando unas 300 actuaciones anuales.
Y aunque sus discos de estudio no bajan del notable alto, quienes tuvieron la suerte de acudir a uno de sus conciertos, salieron transformados para siempre. Sus tres discos en solitario hasta ahora, contando este, están producidos por él, y siempre tratará de evitar trucos de estudio, que solo hable la música, honesta y auténtica. Y al mismo tiempo que se editaba Live in Europe, estaba trabajando en otras London Sessions, en este caso de uno de los pioneros del rock and roll, el rubio Jerry Lee Lewis.
En 1973 incorporó a un cuarto miembro a su banda, un pianista. Sin dejar la vida en la carretera, graba dos nuevos discos repletos de clásicos, Blueprint y Tattoo. Excepcionales ambos. Y es que, aunque sus ventas fueran modestas, grabó algunos de los mejores discos de los años 70, de forma objetiva, a la altura de Led Zeppelin, Queen o los Rolling Stones. Y desde mi punto de vista, casi siempre superiores.
En 1974 aparece Irish Tour, uno de los mejores discos en directo de todos los tiempos, y su grabación más vendida. Grabado en Dublín, Cork y Belfast. Rory no habla en sus canciones de política, aunque siempre deseó una Irlanda unida. En unos tiempos en los que la banda terrorista I.R.A. cometía sus peores atentados, el músico actuaba todos los años en el norte de la isla, algo que ninguna banda con cierto renombre se atrevía a hacer. John Lennon y Paul McCartney escribieron canciones sobre el conflicto diciendo: Devolved Irlanda a los irlandeses, pero sin pisar el suelo del norte de la Isla Esmeralda, algo que Rory hacía de forma habitual. Incluso se dice que en la filmación que se hizo de una sus actuaciones para el Irish Tour, en Belfast, se oye la detonación de varios explosivos a poca distancia de donde estaba teniendo lugar el concierto.
Para hacerse una pequeña idea de lo que suponía ver a Rory Gallagher en directo, basta como muestra lo que pasó en un festival que tenía lugar en un estadio de Nueva York, en septiembre de 1974. El irlandés era el telonero de Aerosmith, una gran banda de Rock. Y es probable que estuviesen en su mejor momento en esta época.
Lo habitual es que la gente vaya a ver al artista más importante. Pero Rory tuvo que salir varias veces a tocar bises. ¿Quiénes eran los Aerosmith? A la gente ya no parecía importarle. El grupo ya había tocado varios temas y el público seguía coreando: ¡Rory, Rory, Rory…! Joe Perry, el guitarra solista de Aerosmith, recordaba muchas décadas después de este concierto: Éramos los cabezas de cartel, y nos pateó el culo.
En esta época, entre finales del 74 y principios de 75, Rory recibió la llamada de los Rolling Stones. Tenían que reemplazar a su brillante guitarrista, Mick Taylor. Acude a Londres. Más por curiosidad y admiración que por el deseo de unirse a ellos. Podía cantar mejor que Mick Jagger y tocar la guitarra de una forma que Keith Richards ni siquiera sería capaz de soñar. Tenía muy claro la música que quería hacer. Y no estaba dispuesto a ser el subalterno de nadie. El católico irlandés dejó a toda prisa a los Rolling Stones en la capital inglesa, con su decadencia bohemia y su abundancia de drogas y groupies.
Comenzó 1975 en otra compañía discográfica, Chrysalis Records, entregando otro disco asombroso, Against the grain. El título ya lo decía todo. Esta expresión se utiliza en inglés para referirse a las personas que se mueven a contra corriente, siguiendo sus propias normas.
En marzo actuó por primera vez en España como artista en solitario, ya que había estado con la banda Fontana, que en ese momento había cambiado su nombre por The Impact, durante 6 semanas en la base militar estadounidense de Torrejón de Ardoz, en 1964, con solo 16 años. Este regreso tras más de una década, y en otras circunstancias, tuvo lugar en el Teatro Monumental de Madrid. Rosendo Mercado, el músico vallecano, compró la primera entrada que se vendió. Como él mismo dijo: Estuve haciendo cola como un cabrón desde tempranito. Era mi ídolo.
En una semana, más o menos, tenemos una cita.
