
Cowboy song
I´m just a cowboy
Lonesome on a trail
Phil Lynnott
En mi cerebro,
la ceremonia comenzó como un
estallido.
El hechicero, como un tótem
sagrado, borracho de sabiduría,
dijo estas palabras que, como una
maldición,
aún resuenan:
“Has de encontrar
tu camino…”
… El peyote me desgarraba
como una daga.
Mi cuerpo flotaba alrededor
de La Tierra.
Mi mente volaba hacia extraños
rincones.
Tabernas, tugurios, prostíbulos.
Era un cowboy errante. Un piel
roja en busca
del corazón del gran búfalo.
Vagaba
como un jinete fantasma entre…
Tabernas, tugurios, prostíbulos.
Desensillé a mi viejo caballo
blanco de amarillas crines.
Mis botas tejanas caminaban
hacia pueblos fantasma, desérticos,
donde bebía un vino de color
diamante
y fornicaba con mujeres
cuya piel
recordaba a la tierra arcillosa.
Tabernas, tugurios, prostíbulos.
Y una guitarra
Interpretaba
mis blues de vaquero melancólico.
Mi familia
y mis amigos
quedaron lejos, demasiado
lejos de mí.
Busqué poesía y música
en vinos de oro o de sangre;
en mujeres de fuego o de aire.
Tabernas, tugurios, prostíbulos.
Pero sólo hubo una mujer
a la que amé
y una hija
a la que nunca conocí.
El sol convirtió mi cabello
en hebras de cobre y mis ojos
verdes son dos
pequeños granos de ceniza.
Mi rostro es una máscara de
cuero y mis
manos, nudosas y agrietadas
como un viejo y sabio roble.
Tabernas, tugurios, prostíbulos.
Aún busco aquello que no encuentro.

Unos breves apuntes
Todavía soy incapaz de asimilar que mi hermano esté muerto, que nunca lo volveré a ver, al menos no en este mundo. No estoy en condiciones de crear material nuevo.
El poema que aparece arriba, aunque ahora esté dedicado a mi hermano, lo escribí hace, como mínimo, dos décadas. Aparecerá en mi próximo libro sobre el Forajido, que está compuesto por un puñado de versos, en su mayoría muy antiguos.
Estoy un poco cansado de escribir sobre músicos de rock and roll. Harto, en realidad, de todo lo que me rodea, incluso de mis mayores pasiones, como lo es la literatura.
Esta canción del vaquero, pretende ser un adelanto y un regalo a mis pocos lectores, si es que tengo alguno.
A Carlos no le interesaban los westerns. Los veía como algo que pertenece al pasado. Y puede que tuviera razón. Yo, en cambio, siempre lo veré a él como un auténtico cow-boy cabalgando hacia el crepúsculo, donde en algún momento nos encontraremos.
Muchas gracias si me estás leyendo. Intentaré estar presente de nuevo, con todas mis fuerzas, la semana que viene. Lo prometo.

