Nacido para correr… hacia la Estafa

Como dije la pasada semana, el futuro de Bruce Springsteen en 1974 no era muy halagüeño. Sus dos primeros discos, que a mí me encantan, apenas habían vendido copias. Y, además, las personas que le habían contratado y que creían en él, como Clive Davis o John H. Hammond, ya no trabajaban para Columbia Records, así que tampoco tenía a nadie que lo respaldara.
Springsteen y la E Street Band tocaban de forma incansable en bares y clubes de todo el extenso país estadounidense. Viajaban en furgonetas destartaladas, cargadas con el equipo musical y una docena de personas, entre músicos y técnicos. Hubo problemas con los primeros y se tuvo que contratar a nuevos instrumentistas.
El pianista Roy Bitan y el batería Max Weinberg formaron desde entonces parte de la E Street Band.
Springsteen vivía entonces en Long Branch, su ciudad natal en el estado de Nueva Jersey, a pocos minutos de Ashbury Park. Cuando podía dormir en casa escuchaba vinilos de Roy Orbison, The Beach Boys y las Ronettes. Y siempre de Bob Dylan.
Una de esas noches se le ocurrió una melodía. Y tenía una frase: “Nacido para correr”. La transformó en canción. En el siguiente concierto, en un club de Nueva York, en julio de 1974, sonó por primera vez en directo el tema que daría nombre a su tercer disco.
Grababa las canciones en distintas versiones de forma obsesiva, una y otra vez. Luego las probaba en directo. Así hizo con She´s the one, Thunder Road (llamada en este momento Wings for Wheels), Born to run y Jungleland. Este último, junto al que da título al álbum, siempre han sido dos mis temas preferidos. Y no solo del Boss, sino de la ya larga historia del Rock and Roll.
En abril había conocido al reputado periodista musical John Landau. Ya había presenciado otros conciertos del Jefe. En un artículo elogioso escribió la célebre frase: “he visto el futuro del rock and roll y se llama Bruce Springsteen”. Columbia Records la utilizó con fines promocionales.
Mientras, y ante la delicada situación en la que se encontraban, su representante, Mike Appel, hizo copias de la recién grabada Born to run y las distribuyó sin permiso de la discográfica. Varios disc-jockeys la pincharon en sus emisoras y se convirtió en un éxito en la costa Este de los Estados Unidos. Los oyentes llamaban preguntando: ¿dónde puedo comprar este disco? Pero el disco no existía. La estrategia funcionó. La discográfica decidió no despedir a Bruce, mientras el público esperaba con ganas que apareciera el disco.
John Landau no tenía razón. Ojalá. Pero Born to run era demasiado bueno y original para ser el futuro del rock and roll. Es probable que solo The Boss fuera capaz de grabar semejante obra de arte.
Años después, y hablando de su tercer disco, Bruce dijo: “En 1975, cuando entré en el estudio para grabar Born to run, quería hacer un disco con textos como los de Bob Dylan y que sonara como Phil Spector. Pero lo que más quería era cantar como Roy Orbison”. Sin duda, tres geniales fuentes de inspiración para un disco grandioso.
En pocos meses se vendieron 750.000 ejemplares y llegó al número 3 de las listas de su país. Marcó un antes y un después para Springsteen. Hoy en día ha vendido varios millones. Es probable que sin este disco su carrera como músico hubiese tenido muchas dificultades para recuperarse. Habría acabado en las fábricas de las que tanto habla en sus canciones.
Sin descanso, tras acabar la grabación del elepé, Bruce y la E Street Band ensayaron durante 19 horas seguidas para empezar una nueva gira al día siguiente. Era la primera de ámbito nacional.
También la discográfica preparó una pequeña gira europea para el mes de noviembre. Pero allá donde fuera, sus conciertos solo podrían recibir elogios encendidos.
Sin embargo, Springsteen no estaba de acuerdo con algunos montajes publicitarios de su mánager y de la discográfica. Canceló varias actuaciones en pabellones de deportes y se dedicó a arrancar carteles de la fachada del teatro Hammersmith y de sus alrededores, que rezaban: “Por fin Londres está preparada para Bruce Springsteen”.
Cuando volvió a los Estados Unidos, se encerró en su casa durante una semana. El éxito ya era un hecho. Habían pasado de tocar en pequeños clubes a hacerlo en teatros para entre 3.000 y 4.000 personas.
Volvieron a la carretera el 25 de marzo de 1976. En poco tiempo ya actuaban ante 8.000 personas.
Pero no habría cielo sin infierno, o viceversa. En este año, finalizaba el contrato de representación que su mánager tenía con él. Fue cuando Bruce leyó los documentos legales por primera vez, pues en 1972 no lo hizo y firmó sin más. Descubrió que su representante se quedaba con el 75% de los royalties de los discos y tenía el control de los derechos de autor. Bruce contrató a un abogado y a un auditor y el 27 de julio denunció a su mánager, Mike Appel.
En esta situación era imposible grabar un nuevo disco, así que Bruce se embarcó en una gira interminable, ya que era su única fuente de ingresos hasta que el juez dictase sentencia.
El 28 de mayo de 1977 se produjo el acuerdo entre Bruce Springsteen y su exmánager. Quedaba desligado de su carrera después de recibir una importante suma de dinero. El Boss recuperaba los derechos de sus canciones y podía grabar, por fin, su cuarto disco de estudio. Esa misma noche, Bruce y Little Steven condujeron hasta Filadelfia para asistir a uno de los últimos conciertos que dio Elvis Presley.
Y menos de un mes antes, el 30 de abril, los dos colegas, después de un concierto en Memphis habían tratado de entrar en Graceland, la mansión de estilo sureño de Elvis. Eran las tres de la mañana. Bruce se dirigió a la puerta de la casa, pero un guardia de seguridad lo detuvo. Le explicó que él también era una estrella del rock and roll, que incluso había aparecido en la portada de la revista Time, pero el tío le tomó por un fanático más del Rey.
Y sí, Bruce se dedicó a la música gracias a que vio a Elvis en la televisión cuando era un niño de 7 años. Por cierto, la cazadora de cuero que el Boss viste en la portada de Born to run, tiene prendida una chapa de un club de fans de Elvis, en la que aparece el rostro del Rey del Rock and Roll.
En la próxima entrega, dentro de una semana, comenzaremos hablando del cuarto disco de Bruce, Darkness on the edge of town, que no aparecería hasta un ya lejano junio de 1978.
