Oscuridad en el límite de la ciudad/Luz en el Río


Darkness on the edge of town es un disco rebelde, desencantado, pese a que la esperanza siempre se intuye, aunque a veces se vea muy lejos. No contiene aventuras románticas y juveniles, como en los tres elepés anteriores.
La guitarra de Springsteen tal vez nunca sonó tan afilada. La voz, parece gritar esos textos crudos y realistas, no cantarlos. Es la obra de un artista al que han robado su trabajo, como a tantos otros, antes y después.
Bruce había demandado a su mánager a mediados de 1976, ya que se estaba quedando con todo. Pero éste le demandó a su vez, exigiendo que el músico no grabara con otro productor que no fuera él. El juez le dio la razón. Así que Bruce no pudo meterse en el estudio y trabajar en el que sería su cuarto álbum. El litigio duró un año.
Para Springsteen no se trataba sólo de un asunto económico. Le habían robado su música, lo que era equivalente a decir: su vida.
El 1 de junio de 1977, Bruce, la E Street Band y John Landau como coproductor, entraron en unos estudios de Nueva York. A pesar de los muchos problemas legales, El Jefe no había dejado de componer nuevas canciones, además de dar conciertos sin parar y con cada vez mayor número de público.
Era prolífico en extremo. Llegó al estudio con medio centenar de composiciones. En la segunda mitad del 77 había conseguido completar 30 de ellas. Las otras quedaron inacabadas. Empezó a descartar canciones y muchas se las cedió a amigos, como la célebre Because the night, con la que Patti Smith logró un enorme éxito. Yo tenía una casete pirata con un concierto en Italia de esta época, en el que Bruce la cantaba.
Pero hubo otras muchas. Se dice que hoy en día, el número de versiones grabadas de canciones de Bruce Springsteen por otros artistas puede llegar a las 1.500.
El disco no se publicó hasta el 2 de junio de 1978. Tenía muchas canciones. Eligió las diez que mejor reflejaban el punto en el que se encontraba, descartando las que no seguían la misma temática. Le obsesionaba la cohesión de cada uno de sus álbumes.
La rebeldía y la rabia aparecen ya en la fotografía del disco. Bruce nos mira entre desafiante y vulnerable, como un nuevo James Dean o Marlon Brando.
Entre finales de mayo de 1978 y el 1 de enero de1979, se dice que para quien tuvo la suerte de estar allí, se llevaron a cabo las actuaciones más incendiarias de Bruce Springsteen y la E Street Band. La tensión acumulada explotó en las 109 noches en las que se subieron al escenario en esta época.
Los conciertos aumentaban su duración e intensidad a medida que pasaban las semanas. Bruce era generoso con su tiempo y esfuerzos. Acabada la actuación recibía a la prensa. De madrugada abandonaba el recinto, pero paraba a hablar con los admiradores, hacerse fotos y firmar autógrafos. Si tenía algún día libre, le quedaban fuerzas para salir a tocar en pequeños clubes con bandas desconocidas.
La gira de 1978 fue legendaria, recorriendo la inmensa geografía de los Estados Unidos. Las actuaciones en teatros eran cada vez más escasas. Se vio obligado a hacerlo en pabellones de deportes, aunque no estuviese muy convencido. Pero agotó las entradas para tres días en el Madison Square Garden de Nueva York. Y tuvo que volver a actuar en muchas ciudades en este mismo año.
La mejor definición de Darkness on the edge of town, la proporcionó el propio Bruce a un periódico de Memphis: Este disco es menos romántico, trata más del aislamiento. Me dije a mi mismo: “Tengo veintiocho años y los personajes de mi disco son de mi edad, y no saben qué hacer”. No existe la idea de libertad de Born to run. El sentido del disco es: si quieres hacer el viaje, tienes que pagar un precio y mejor que sigas adelante.
El quinto disco de Bruce Springsteen, The River, fue un doble álbum, y se publicó el 17 de octubre de 1980. Su idea era la de captar en un elepé la magia que podía conjurar la E Street Band sobre un escenario. Desde mi punto de vista no lo pudo conseguir, aunque no por ello deja de ser un gran elepé.
Pero creo que habría resultado todavía mejor siendo un solo disco en lugar de doble, como había pensado El Jefe al principio. Titulándose The ties that bind, como la canción que abre el trabajo. Contenía, más o menos, una docena de temas. Obsesivo con la cohesión de sus discos, decidió que no se ajustaba a su visión y lo descartó.
Las sesiones de grabación duraron un año y medio. Bruce, cabezota y perfeccionista, graba decenas de canciones una y otra vez, desde marzo de 1979 hasta apenas un par de meses antes de la edición.
The River fue el primer disco de Springsteen que llegó al número 1 en el Billboard estadounidense. Se extrajeron de él varios sencillos, como Hungry heart, que se colocó en los primeros puestos, Fade away, y la balada que daba nombre a todo el trabajo: The River.
Recuerdo que vi en la televisión, unos años después, una interpretación en directo de la canción, El Río. Bruce cantaba con lágrimas en los ojos la letra que contaba la historia de su hermana y su cuñado. Confieso que yo, un adolescente entonces, también lloré.
Este disco doble funciona a modo de resumen de lo que Bruce había hecho en los cuatro anteriores. Rock and roll festivo, sobre chicas y coches rápidos, como Cadillac Ranch o You can look (but you better no touch), que son puro rockabilly, y baladas con letras más profundas, como la propia The River.
Aunque el disco fue un éxito tremendo, vendiendo varios millones de copias, las críticas no fueron unánimes. Para unos era una verdadera “enciclopedia del rock and roll”, para otros se trataba de un pastiche con restos de composiciones descartadas en el pasado, sin ninguna creatividad. Mi opinión es que se trata de un gran disco, aunque inferior a Born to run, pero es muy difícil competir con este trabajo.
En cualquier caso, tras la publicación de The River, Bruce Springsteen y la E Street Band emprendieron una nueva gira, apoteósica y triunfal, que los traería por primera vez a España.
Fue el 21 de abril de 1981. El lugar, el Palacio Municipal de Deportes de Monjuic, en Barcelona. Asistieron poco más de 6.000 personas. El recinto, quién lo diría, no estaba lleno. Eran otros tiempos. Como suele pasar, seguro que existen más personas que afirman haber estado allí, que las que en realidad lo hicieron.
El Jefe incumplió la promesa que hizo en el local barcelonés. Su pronto regreso no se produjo hasta el 2 de agosto de 1988, pero entonces el mundo había cambiado, y Bruce era una leyenda, un mito. Llenó el desaparecido campo de fútbol Vicente Calderón, en Madrid. 60.000 personas. Al día siguiente congregó en el Camp Nou de Barcelona a 80.000 almas. Volvió el mes siguiente a la Ciudad Condal para actuar en el mismo recinto.
La Piel de Toro estuvo excluida de la vida de Bruce Springsteen en los años en los que se convirtió en poco menos que un Dios para decenas de millones de personas. No es un reproche al gran músico, sino un hecho. De esos momentos y de otros menos dichosos hablaré, desde mi guarida, más o menos, en una semana.
Hasta entonces.
