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Irlandés de Londres/Poeta de las cloacas-Cuarta parte

El foso del infierno

Shane consumía ácidos y speed sin parar. La casera llamó a Victoria, su pareja no del todo fija en estos tiempos. La escena que se encontró cuando entró en el piso fue desquiciante. Un hombre alucinado que proclamaba ser el presidente de la república de Irlanda. Había arrancado a mordiscos trozos de un disco de los Beach Boys. La sangre salía de forma abundante de sus labios y cavidad bucal desdentada.  

Lo internaron en un pabellón psiquiátrico del condado de Dublín. Cuando salió, en otoño de 1988, Victoria le dijo que no soportaría ni una más de sus infidelidades. Shane estuvo de acuerdo y le pidió que se fuera de gira con él y The Pogues. 

El título del cuarto disco del grupo, Peace and love, contenía todo el sarcasmo posible sobre la situación. Durante la grabación hubo muy poco de paz y amor. Los miembros de The Pogues estaban muy descontentos, sobre todo con la trayectoria errática de Shane, que a pesar de todo, era el que recibía las atenciones de la prensa y el público. 

Olvidaba las letras de las canciones, inventándoselas sobre el escenario. Parecía vivir en un mundo paralelo, de drogas y música acid house, a la que se había aficionado en los clubes de Londres. 

Shane quería abandonar la banda desde mucho antes. A mediados de 1988, cuando finalizó la gira del anterior disco, alcanzaron su cima de popularidad y es probable que creativa. Lo que hizo, en lugar de hablar de ello, fue tomar más drogas y más botellas de whiskey, buscando de forma sistemática que lo echaran del grupo que había fundado. 

La cocaína formaba ahora parte de la dieta diaria de los miembros de The Pogues, excepto de Shane, que prefería los ácidos y el éxtasis, y seguía obsesionado con la música acid house

Al día siguiente de la presentación de Peace and love en Londres, The Pogues tenían que volar a los Estados Unidos para telonear a Bob Dylan en seis fechas por el estado de California. Luego, el grupo continuaría con su propia gira por todo el país. 

Pero en ese mismo día, Shane se presentó descontrolado en el aeropuerto. No le dejaron subir al avión. Bob Dylan apenas vio a The Pogues durante esos seis días, así que es probable que no se diera cuenta de que faltaba su líder, o lo que fuera en este momento.  

Shane llegó a los Estados Unidos varios días después. The Pogues habían creado una gran base de fans por todo el mundo durante los siete años anteriores. No parecía que ahora pudieran ser capaces de mantenerla. 

En 1989 Shane todavía seguía en el grupo. Quería abandonar. No soportaba esas giras interminables. Ahora era más irascible y violento, estaba de mal humor y no deseaba ver a nadie. Algo extraño, ya que, aunque siempre fue tímido, le gustaba verse rodeado de amigos. 

En el escenario se le veía perdido en su propio mundo. Se olvidaba de la letra de la canción o cantaba una que la banda no estaba interpretando en ese momento. Ahora sí consumía mucha cocaína. Y también heroína. 

A finales de los 80 la situación había llegado al límite. En Alemania, donde tenían varias fechas, muchas noches lo dejaban tumbado sobre el suelo del camerino y salían al escenario. 

Luego volaron a Australia. También fue un desastre. Shane estaba aislado de la banda. Tampoco ayudaba su cada mayor adicción a la heroína.  

Joe Strummer, el líder de The Clash, se ocupó de producir el quinto disco de The Pogues. Shane estaba molesto porque su participación cada vez era menor.  

No obstante, seguía siendo el centro de atención, cosa que detestaba. Su salud era tan precaria que un médico le dio tres semanas de vida. 

A pesar de todo, Shane no fue despedido en este momento, sino Frank Murray, el mánager que les había metido en una carrera interminable de giras agotadoras. Lo hicieron tan pronto como Hell´s ditch (El foso del infierno), estuvo acabado. 

Era el ocaso de la banda, su canto de cisne. Shane estaba destruido por las drogas y era incapaz de actuar. Ahora la banda se encontraba en Yokohama. Los japoneses adoraban a The Pogues. 

Pero Shane era un lastre en el escenario. Daba tumbos y vueltas, empañando la reputación de la banda, que se preciaba de tener uno de los mejores directos que se podían contemplar en cualquier lugar del mundo por aquellas fechas. 

Todos los miembros del grupo se reunieron en una habitación del hotel japonés, excepto Shane. La decisión de expulsarlo fue unánime. Temían su reacción, pero cuando se lo dijeron, se limitó a comentar: “Todos habéis sido muy pacientes conmigo… ¿Por qué habéis tardado tanto? 

Los dos últimos conciertos en el país del sol naciente los hicieron sin Shane. No había animosidad por ninguna de las dos partes tras el despido. 

Su salud estaba colgada sobre el abismo. Consumía heroína, cocaína, anfetaminas, litros de alcohol. Tenía problemas intestinales graves y apenas comía.  

En los meses siguientes Shane y Victoria se trasladaron a Irlanda. Vivieron primero en un gran fuerte reconvertido del siglo XIX, en el condado de Wicklow, propiedad de Bono, el cantante del grupo U2. Él se encargó de pagar todas las facturas en el tiempo que la pareja estuvo allí. 

Su siguiente hogar temporal sería un piso en una casa georgiana del norte de Dublín. Shane aprovechaba el tiempo libre para visitar a su familia en Tipperary. En la capital de Irlanda pasaba horas y horas en sus muchos pubs y clubes. 

Volvieron a Londres. El cantante Nick Cave pasaba el rato de forma habitual con Shane. Se habían conocido tres años atrás. No mucho después de su salida de The Pogues, Nick le propuso a Shane grabar juntos algunas canciones. 

La versión de What a wonderful world, de Louis Armstrong, se lanzó como sencillo en noviembre de 1992. Pero Shane MacGowan no vivía en “un mundo maravilloso”.  

Cuando le sugirieron que dos “poetas de alcantarilla” versionando ese tema estaban siendo “irónicos”, Shane montó en cólera. Todavía estaba dolido porque su canción, Fairtale of New York, se hubiese quedado en el número 2 de las listas británicas debido a que el número 1 lo ocupaba una versión infame. 

“Los putos Pet Shop Boys. Han destrozado Always on my mind. Es una gran canción… una versión clásica de Elvis Presley, y se cachondearon de la canción, de los autores y de la gente que la compró… La peor versión de la historia. What a wonderful world no tiene nada que ver”. 

A finales de 1993 había reunido a su alrededor a varios músicos. Los bautizó como Shane MacGowan & The Popes. Esta vez, al contrario que con The Pogues, no habría democracia. 

Algunas de las canciones que ensayaban estaban escritas antes, e incluso existían maquetas grabadas con el grupo que había creado, lo llevó a la fama y luego lo tuvo que expulsar.  

En el estudio londinense donde se ensayaban las canciones del nuevo disco había símbolos católicos por todas partes. Una imagen de una monja, la hermana Margaret, pegada a un amplificador junto a una fotografía de Phil Lynott. Crucifijos. Un muñeco vudú.  

Shane quería volver al principio. Algo más punk. Más primario. Algo así como la Creedence Clearwater Revival en versión irlandesa. 

Debutaron ante el público el 1 de diciembre de 1993, con un concierto benéfico en el ayuntamiento de Cork. Nick Cave estaba invitado. La lista de canciones abarcaba todas las épocas de Shane, e incluso cantó un tema de Frank Sinatra junto a Nick. 

Victoria descubrió que Shane le había vuelto a ser infiel. Tuvieron una pelea durante un festival en Irlanda, mientras que Bob Dylan los veía y se partía de risa. Se dice que ella se enrolló este día con el músico norirlandés Van Morrison. 

El catálogo de canciones de Shane es una mina por la que cualquier ejecutivo discográfico mataría. Pero ahora había poco interés en su nuevo material. Era de dominio público que sus compañías distaban de ser las mejores, y también era conocida su adicción a la heroína.  

Un amigo reservó un estudio poniendo el dinero de su bolsillo. Comenzaron las sesiones de grabación del trabajo que se llamaría The Snake. 

Se publicó por ZTT Records en octubre de 1994. Las críticas fueron en su mayor parte positivas. Las ventas, discretas. 

El año, al menos desde un punto de vista artístico, acabó bien. The Snake era un buen disco. El primero desde que lo expulsaron de su banda. Pero, por otra parte, fue una época marcada por la adicción a las drogas y por las trágicas muertes de personas muy queridas. 

La semana que viene continuaremos hablando de la vida de Shane MacGowan, llena de dolor y desesperación, pero también de amor y belleza, como toda buena historia. Será el último capítulo de la serie.

No te lo pierdas.

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