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El Jefe del Rock and Roll-Primera parte

Un chico de New Jersey

Después del intermedio que supuso la entrada de la semana pasada, volvemos a la costa este de los Estados Unidos, donde Jeff Buckley llenaba con su inmensa voz, los muchos locales de la ciudad de Nueva York a principios de los años 90 del siglo XX. 

¿Queda, a estas alturas, algo que decir sobre Bruce Springsteen? Es probable que no. Pero yo voy a dar mi versión sobre el personaje. Al menos, sobre la época que a mí más me fascina, que comprende desde sus inicios hasta convertirse en una leyenda americana, que es tanto como decir universal. 

Bruce Frederick Springsteen nació el 23 de septiembre de 1949, en Long Branch, en la costa del estado de New Jersey.  

Su padre, Douglas Frederick, fue trabajador en fábricas y conductor de autobús, descendiente de holandeses e irlandeses. Su madre, una secretaria de familia italiana.  

Douglas sufría esquizofrenia paranoide, lo que acabaría afectando a la salud mental del músico, que sufrirá repetidos episodios de crisis depresivas. 

Bruce fue educado en el catolicismo. Pero su fuerte temperamento provocaba que tuviera continuos enfrentamientos debido a las estrictas normas que le querían imponer. A pesar de finalizar sus estudios de secundaria, no acudió a la ceremonia de graduación. 

Como otros muchos, decidió dedicarse a la música cuando vio por televisión a Elvis Presley actuando en el popular programa de Ed Sullivan. Después, a los 13 años, compraría su primera guitarra. Y a los 15, vería en el mismo programa a un grupo de cuatro chavales de Liverpool. La Revolución, venía esta vez del otro lado del charco, aunque utilizando los sonidos que se habían forjado en la tierra de las oportunidades. 

En 1965 se convirtió en guitarrista de The Castiles, y poco después en su vocalista principal. En su repertorio había, sobre todo, versiones de grupos de la british invasion. Rolling Stones, Kinks, Animals, Who, entre muchos otros. Grabaron dos canciones y dieron unos cuantos conciertos. Pero en 1968 decidieron separarse por desavenencias entre ellos. 

A finales de los 60 Springsteen formó parte de un trío llamado Earth, y casi al mismo tiempo había otro grupo con ese nombre al otro lado del Atlántico, en Birmingham, que se haría famoso con otra denominación: Black Sabbath. En esta época fue cuando a Bruce le apodaron como The Boss, ya que era él quien se encargaba de cobrar por las actuaciones y repartirlo con sus otros dos compañeros. 

Entre 1969 y 1971 tuvo otro grupo. Steel Mill. Sería el germen de la E Street Band. Dieron numerosos conciertos en clubes de Ashbury Park, donde Mike Appel, su futuro representante, y el productor de Columbia Records, John H. Hammond, y descubridor, entre otros, de Bob Dylan, se darían cuenta del enorme talento de Bruce. 

El 2 de mayo de 1972, John H.Hammond, después de un concierto en el Greenwich Village, comentó: «Quedé completamente conmocionado. Incluso más que con Bob Dylan, porque Bruce tenía una integridad que te golpeaba en cuanto abría los labios». 

Su álbum de debut fue Greetings from Ashbury Park, New Jersey. Sus críticas fueron muy positivas, pero apenas vendió unos 25.000 ejemplares, lo que en un país con la población de Estados Unidos era, se mire como se mire, un fracaso absoluto. 

Una vez grabado el disco, Bruce tuvo discusiones con Mike Appel y John Hammond, representante y productor, respectivamente. Preferían las canciones más folkies. Él apostaba por aquellas en las que aparecía la E Street Band. Al final, el asunto se dividió de forma equitativa, con cinco canciones para cada uno. 

Para mi gusto, Bruce era quien tenía razón. For you, Growing up, It´s hard to be a saint in the city y Lost in the flood eran lo mejor del disco. Y después se les añadirían otras dos con mucho gancho: Blinded by the light y Spirit in the night, que fueron publicadas como sencillos, pero ninguna entró en la lista de las más vendidas, pese a ser dos grandes temas. Sin embargo, una versión que el grupo británico Manfred Mann hizo de Blinded by the light, logró el número uno años después, en 1977. Esto más veces a lo largo de los años, con canciones de Bruce que alcanzaron el éxito con versiones ajenas. 

La gran influencia de este primer disco, aunque no la única, es la del Bob Dylan de mediados de los 60, cuando cogió la guitarra eléctrica y sus letras pasaron de tratar temas sociales y políticos a convertirse en trabalenguas en los que incluir el mayor número de palabras posible. Otra inspiración evidente es la del músico norirlandés Van Morrison, el León de Belfast, en lo que se refiere a la faceta más rithym and blues y soul, en los aspectos musicales, que se haría todavía más evidente en el segundo elepé. 

Me encanta este primer disco de Bruce Springsteen. Y tengo, tanto este como el siguiente, en cintas de casete, ese objeto que hoy en día parece antediluviano. Tanto el título de los álbumes como el de las canciones aparecen, en estas cintas magnéticas, traducidos al castellano. Saludos desde Asbury ParkN.JEl salvaje, el inocente y el baile de la calle E. 

The wild, the innocent & the E street shuffle, al igual que el primer disco, tuvo críticas excelentes, pero de nuevo las ventas fueron muy discretas. A nivel local se vendió bien, y aparecían sus canciones de forma habitual en las emisoras de New Jersey, lo que convirtió en un ídolo, aunque a pequeña escala, a Bruce Springsteen. 

Sin embargo, en Columbia Records no estaban tan contentos con los resultados. Y en 1974, el Boss estaba con el agua al cuello, a punto de que su contrato discográfico fuese rescindido.  

No era, por mucho que lo dijera la publicidad de la discográfica, el Nuevo Dylan. Tenía su Personalidad. Con mayúscula, por supuesto. Mucha personalidad. 

Pero esto lo veremos en la segunda parte. Más o menos, dentro de una semana. Hasta entonces. 

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