La obra cumbre


Ya he mencionado antes el interés obsesivo del guitarrista Jimmy Page por la figura de Aleister Crowley. Uno de los ocultistas más famosos e inquientantes de la historia. Incluso se compra una mansión que le perteneció, Boleskine, a orillas del lago Ness, en 1970.
También busca toda clase de objetos relacionados con Crowley y ediciones originales de los libros que componen su extensa bibliografía. En el tercer disco de la banda aparece una de las máximas más famosas del ocultista: “Haz lo que quieras será la única ley”.
Jimmy Page también es un personaje inquietante. Se sabe que lleva con él durante las giras una maleta llena de diferentes tipos de látigos y esposas desde mucho antes de que nazca Led Zeppelin.
Incluso antes de existir como tal, la música rock ha sido relacionada con prácticas satánicas. Su antepasado más directo, el blues, abunda en leyendas sobre el tema. De hecho, el género es conocido como “la música del diablo”, en oposición al gospel, que se canta con pasión en las iglesias. Aunque no dejan de ser las dos caras de la misma moneda.
Se dice que los músicos negros itinerantes del delta del Mississippi, en las primeras décadas del siglo XX, tocan sus guitarras acústicas sobre las lápidas del cementerio a medianoche. Pero sin duda, la más famosa de estas historias la protagoniza el músico Robert Johnson.
Los que le conocen en esta época, más o menos un siglo atrás, dicen que es muy torpe tocando la guitarra. Desaparece durante una larga temporada. Más de un año. Cuando lo vuelven a ver, es el mejor guitarrista que nadie ha visto jamás. Al parecer, ha vendido su alma al diablo en un cruce de caminos.
A cambio de ella, ninguna mujer se le resistirá, nunca le faltará un vaso de whiskey y será el mejor guitarrista que nunca ha existido, con una rapidez endiablada, nunca mejor dicho. El diablo también le advierte de que morirá joven.
Un día, en un descanso que tiene en uno de los tugurios en los que actúa, un tipo le invita a una copa de su adorado licor. Resulta ser el marido engañado de una de sus amantes. Su whiskey está envenenado. Robert Johnson muere, después de horas con terribles dolores, a los 27 años. Un número fatídico en la historia del rock, pues hay muchas estrellas que han muerto a esta edad. Amy Winehouse es una de las últimas. Robert Johnson, el primero. Su influencia en los que llegarán después de él es inabarcable. De forma directa o indirecta, todos le deben algo.
Elvis Presley, tan mimado por su devota madre, temeroso de Dios y aficionado a escuchar música en las iglesias de Memphis, tanto de blancos como de negros, también es acusado de pactar con el diablo debido a su forma de cantar, vestir y bailar. Así como un buen número de ídolos del rock and roll de los 50, como Little Richard y Jerry Lee Lewis, por ejemplo, pues hay muchos más. En el disco más famoso de The Beatles y puede que de la historia, Sgt. Peppers lonely hearts club band, aparece entre los muchos personajes de la mítica portada, el busto de Aleisteir Crowley.
Así que cuando los Led Zeppelin aparecen, relacionar el rock and roll con Lucifer es algo muy sobado. Y, por supuesto, debido a la estrecha relación de su fundador, Jimmy Page, con las prácticas ocultistas, las leyendas oscuras no dejan de aparecer a lo largo de toda la década de los 70.
Practican, según las habladurías, rituales de magia negra y son adoradores de Satanás. Tres de sus miembros, la excepción es el bajista John Paul Jones, han hecho un pacto con el diablo para lograr un gran éxito. A cambio de sus almas, claro está. Y estas leyendas se creerán confirmadas y darán lugar a muchas más tras el triunfo apoteósico que supone su cuarto elepé.
El objetivo de Jimmy Page es que este cuarto disco esté a la venta en la primavera de 1971, tras lo cual llegará una gira mundial ya contratada. Pero sus planes se tuercen. En marzo, el guitarrista es padre por primera vez. De una niña llamada Scarlett Lilith, entre otros nombres relacionados con Aleister Crowley. Y al mismo tiempo comienzan la gira por Gran Bretaña. No han tocado en su patria desde hace más de un año.
Se les ocurre hacer actuaciones sin avisar, en locales pequeños,cobrando lo mismo que al principio. Como una vuelta a los orígenes. Una forma de reconectar de una forma más íntima con su público más leal. La que parece ser una buena idea, resulta desastrosa en muchas ocasiones. Pese al relativo fracaso de su tercer álbum, el reclamo del nombre de Led Zeppelin es enorme. Hay innumerables altercados. Los aforos son muy reducidos y los precios muy ajustados. La gente acaba entrando, pese a que no tengan entradas. Los malos titulares en prensa no tardan en llegar.
Una excepción a los altercados es el concierto que dan el 5 de marzo en un lugar muy acostumbrado a ellos. Incluso en las calles el ambiente está muy caldeado. Estamos en Belfast, Irlanda del Norte. Dentro del local, tanto católicos como protestantes disfrutan por igual con la actuación de Led Zeppelin. Y pueden escuchar en primicia temas que formarán parte del nuevo elepé. Como Black dog, Goin to California o Starway to heaven.
Jimmy Page está harto de los medios de comunicación. Dicen de ellos que son un producto hinchado por la publicidad. Que venden tan sólo con mostrar la marca Led Zeppelin.
Aunque en el escenario sigue cumpliendo con su deber de forma sobresaliente, una vez que deja su batería sobre el escenario, John Bonham es una constante fuente de problemas debido a su alcoholismo descontrolado. El promotor nativo que los lleva por primera vez a Japón en este 1971, invita a Bonzo al, según él, “restaurante más elegante de Tokio”. Algo que no va con el explosivo batería. Se harta de pedir tacitas de sake y, cansado y bastante borracho, insiste en que se lo sirvan en una jarra de cerveza o, mejor todavía, en un balde.
Avanzada ya la noche, visitan la que es la discoteca más conocida de Tokio en esta época. Bonham orina desde un palco sobre el pinchadiscos como forma de protesta contra la música que pone. Tras esto, el mánager de gira lo mete en un taxi, completamente borracho. Lo deja tirado en la calle, a unos metros del hotel Hilton.
Al día siguiente, tienen la brillante idea de comprarse una espada de samurái para cada uno. Por la noche, de nuevo borrachos, se lían a espadazos en el hotel. Cortan y destruyen todo lo que se encuentran a su paso. Sillas, mesas, cortinas, espejos, cuadros… El Hilton vetará la entrada a Led Zeppelin para siempre.
Vuelan de vuelta a Londres. El 8 de noviembre se publica en los Estados Unidos el conocido por todos como Led Zeppelin IV. Pero lo cierto es que en la portada del disco no aparece ningún título. Tampoco el nombre del grupo. Ni siquiera el logo de Atlantic, la compañía encargada de publicarlo.
Este diseño gráfico, sin referencias, es el motivo por el que el disco tarda tanto en publicarse, ya que está acabado desde principios de año. Jimmy Page no dará su brazo a torcer pese a las protestas reiteradas de los ejecutivos de la discográfica.
En la mítica portada, aparece la fotografía enmarcada de un viejo ermitaño encorvado por el peso de un gran fardo de madera sobre su espalda, colgada de una pared empapelada y desconchada. Jimmy Page ha dicho que la imagen está relacionada con la carta del tarot, el ermitaño, símbolo de independencia y sabiduría.
El vinilo original viene dentro de una bolsa marrón. En ella, con una tipografía muy llamativa, sacada por Page de una revista de arte del siglo XIX, aparece la letra de su canción más icónica, Starway to heaven. En el otro lado de la bolsa marrón están impresos cuatro símbolos, uno por cada miembro de la banda. Se presentan en anuncios de prensa unas semanas antes de que se publique el álbum.
Para muchos críticos, es el disco de rock perfecto. Comienza con Black dog, un inicio alucinante, con un ritmo endiablado, que será el primer sencillo publicado como tal, de nuevo sólo en los Estados Unidos. Continúa con Rock and roll, que será el segundo sencillo, ya en febrero de 1972, y que es justo lo que el título proclama.
La tercera canción es una pieza de folk-rock con una letra inspirada en El señor de los anillos y con la voz de la cantante inglesa Sandy Denny, del grupo Fairport Convention, acompañando a Robert Plant.
Esta cara A se cierra con la canción más famosa de Led Zeppelin y una de las más importantes de la historia del rock. Es el tema que más veces ha aparecido en las emisoras de radio de los Estados Unidos, pese a que nunca llega a publicarse como sencillo. Jimmy Page no está dispuesto a dejar que la editen, como ha pasado con los anteriores. Los 8 minutos de la canción han de escucharse de principio a fin. Desde luego, merece la pena.
Es probable que la historia de Starway to heaven de para un libro completo. Al igual que en casos anteriores, denuncian a Jimmy Page por plagio. Un grupo de California llamado Spirit, ha compartido escenario con Led Zeppelin en sus comienzos. Una canción llamada Taurus, del primer disco de esta banda, comparte las primeras notas con el tema de Led Zeppelin. Pero una es un breve instrumental sin mucha transcendencia, mientras que la otra es una Obra de Arte. El juez, después de años de pleitos, desestimará la demanda. Algo que no ocurre con otras denuncias, en las que la banda tuvo que pagar por sus «préstamos».
Starway to heaven también ha sido acusada de ser una invocación a Lucifer. De hecho, se hará muy popular el decir que si haces girar el vinilo al revés puedes escuchar: “No hay forma de escapar a él. ¡Es mi dulce Satanás!”.
Las cuatro canciones que conforman la cara B también son impresionantes. La que cierra el disco, When the levee breaks, parte de un añejo tema de Memphis Minnie, para llevarlo a otro nivel. Y en la versión original del elepé, la cantante de blues no está acreditada.
Tres días después de que se publique su mayor éxito comercial y es posible que artístico, comienzan una gira por Gran Bretaña con 16 fechas contratadas. En el lugar que ahora es el estadio Wembley Arena, dan dos conciertos seguidos, el 20 y el 21 de noviembre, de 5 horas cada uno.
El álbum alcanza el número 1 poco después en el Reino Unido. No obstante, la crítica no está de acuerdo en su totalidad con este inapelable trabajo. “Un álbum muy sobrevalorado”, proclama una revista británica. No obstante, sigue siendo uno de los discos de rock más vendidos de la historia. Creo que a estas alturas ronda los 40 millones de copias vendidas. Es probable que me equivoque y sean muchas más. De sobrevalorado, nada de nada.
Aunque este es su disco más vendido y es probable que el mejor, con 8 canciones sin fisuras, Led Zeppelin todavía no han dicho su última palabra.
La creatividad del grupo irá en aumento en los próximos años.
Lo veremos la próxima semana.
