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Dioses sobre La Tierra-Octava y última parte

Después del Dirigible

Una de las bandas de rock and roll más importantes de todos los tiempos ha desaparecido para siempre. John Bonham dormirá su borrachera durante toda la eternidad. 

Pero tras casi 50 años desde la desaparición de Led Zeppelin, surgen noticias a propósito de ellos cada cierto tiempo. 

La primera destacable es la publicación, en 1982, dos años después del final, del álbum Coda. Está hecho de diversos descartes. Aunque muchas veces he oído hablar muy bien de él, yo no le encuentro la gracia por ningún lado. Ni siquiera lo considero un disco oficial del grupo. No deja de ser una obligación que la banda tiene con la compañía discográfica, a la que deben un último trabajo. 

Sin duda, de los tres supervivientes, al que mejor le va tras la desaparición de Led Zeppelin es a Rober Plant, con una larga ristra de discos en solitario a sus espaldas, algunos de ellos muy buenos, con buenas ventas y críticas. Pero John Paul Jones tampoco lo ha hecho mal. Su prestigio como músico, productor, arreglista y compositor se dispara tras su salida de la legendaria banda en la que triunfó. Ha colaborado con los mejores artistas de diversos géneros, incluso produce el primer disco de su hija mayor, Jacinda Jones. 

El mundo siempre echará de menos a Led Zeppelin. Esto se comprueba en julio de 1985, cuando los tres miembros supervivientes actúan en el famoso festival Live Aid. A pesar de que el concierto es un desastre, el público tiene la sensación de estar ante un momento único en sus vidas. 

Se reúnen poco menos de tres años después para tocar en el 40 aniversario del sello Atlantic, en el Madison Square Garden de Nuevo York. Esta vez se encarga de la batería Jason Bonham, el hijo de 22 años de su compañero fallecido. He oído opiniones muy contradictorias sobre esta actuación. Desde que es un gran concierto hasta que resulta todavía peor que el de 1985. Comienzan con Kashmir y acaban con el Starway to heaven. Desde luego, el repertorio es intachable.

A finales de los 80, yo escucho heavy metal y leo revistas sobre el género, como Metal Hammer y Heavy Rock. No escucho a Led Zeppelin. Me suenan, porque en cualquier artículo que leas sobre, qué sé yo, Iron Maiden o Metallica, o cualquier otro, siempre aparecerán ellos, como si fueran la piedra filosofal, o algo parecido, del metal pesado. Perdón por la digresión. Bueno, tiene su parte de sentido. 

Uno de los grupos que yo escucho entonces se llama Whitesnake. Su cantante y fundador, David Coverdale, que viene de cantar en otro grupo mítico del hard rock, Deep Purple, se une a Jimmy Page a principios de los 90. En 1993 saldrá al mercado un elepé llamado Coverdale-Page. El disco funciona muy bien. Y suena a Led Zeppelin por los cuatro costados. 

Poco antes, en 1991, Jimmy Page vende Boleskine House, la casa que perteneciera a Aleister Crowley y de la que siempre se dirá que está embrujada. Más adelante, querrá volver a comprarla. 

El disco de Robert Plant de 1993, Fate of nations, no funciona tan bien como él desea. Así que es el momento de que al menos se produzca la reunión de la mitad de Led Zeppelin. El resultado se llamará No quarter, una de sus grandes canciones, aunque John Paul Jones, al que no han querido invitar, tiene un papel muy importante en la composición del tema. El nombre que aparece en la portada del elepé es Page-Plant. 

El repertorio del disco, que es un concierto grabado para la MTV, la entonces todopoderosa cadena musical, está formado por un buen número de canciones de Led Zeppelin pasadas por el filtro de músicos árabes, en muchos casos, y en otros, por el de la Orquesta Metropolitana de Londres. 

El proyecto Page-Plant tendrá continuidad. En abril de 1998 aparece Walking into Clarksdale. La localidad del título se encuentra en el estado de Mississippi. Se dice que es el lugar de nacimiento del blues. Esta vez son 12 canciones nuevas, compuestas por la pareja con alguna ayuda exterior. El resultado es decepcionante. Los roces, cada vez más fuertes, entre Robert Plant y Jimmy Page, se producen de forma constante. 

Un poco antes, el 21 de noviembre de 1995, Peter Grant, el temido mánager de Led Zeppelin, que ahora camina ayudado por un bastón, vuelve a casa conduciendo su coche. A su lado está su hijo Warren. Sufre un nuevo infarto. Y esta vez no lo podrá contar. Muere esa misma noche. Tiene 60 años. 

En los últimos años del siglo XX, Jimmy Page graba un disco en directo con el grupo The Black Crowes. Contiene 22 canciones, de las cuales, 16 son de Led Zeppelin.  Y en esto ha consistido buena parte de la vida del guitarrista tras la desaparición de la banda. En mantener viva la leyenda de su gran creación. Que el dirigible siga volando. 

Desde el comienzo de este siglo XXI, se han remasterizado todos los discos de la banda. En 2003 aparece un nuevo elepé doble en directo de Led Zeppelin, que recoge actuaciones que tienen lugar en Los Ángeles, en una fecha tan lejana como 1972. Su título es How the west was won (Como se ganó el Oeste). La banda, en toda su plenitud, conquistando América. 

Mientras tanto, el tercero en discordia de los supervivientes, John Paul Jones, sigue haciendo la guerra por su cuenta, sin mirar atrás. A mediados de los años 90 se une a la extravagante artista estadounidense de raíces griegas Diamanda Galás. Con ella graba un elepé y emprende una gira mundial. También crea su propio estudio de grabación, The Sunday School. En él fabrica su primer disco en solitario, que se edita en 1999. 

Unos años después, en 2006, cuando se emite por televisión la entrada en el Salón de la Fama Británico de Led Zeppelin, el único miembro que aparece es Jimmy Page, el creador del grupo. Da la impresión de que no exista ninguna posibilidad de reunir a los tres supervivientes de la banda.  

Tal vez, “la maldición de Led Zeppelin” le ha alcanzado a Jimmy Page, aunque no lo parezca a simple vista. Desde que su banda se disolviera, no ha compuesto algo que haga sombra, ni por asomo, a su legado. Se ha convertido en una especie de bibliotecario, o archivista, del material sonoro del grupo. 

Y por fin llegamos a la gran noticia de lo poco que llevamos de siglo XXI en ese momento. Los tres miembros supervivientes, más el hijo del fallecido, se reunirán para un único concierto en el O2 Arena de Londres en el año 2007. 

La página web oficial desde la que se venden las entradas, a 135 libras cada una, se cae debido a la desproporcionada demanda. 25 millones de visitas el primer día. 

Los ensayos para el gran acontecimiento duran unas 6 semanas. Robert Plant pone unas cuantas condiciones. No quiere dar alaridos como antaño. Es probable que no pueda hacerlo. Tampoco largas improvisaciones. Las canciones de media hora de duración son cosa del pasado. Accede a cantar el Starway to heaven, a lo que se ha negado con insistencia durante años, con la condición de que no sea el tema que cierre el concierto. 

La gran celebración, después de diversos problemas, tendrá lugar el 10 de diciembre del 2007. Comienza a la hora anunciada. Las 9 de la noche. Al escenario salen tres sexagenarios, no muy estropeados después de tantos excesos en el pasado, y un casi cincuentón y totalmente calvo, Jason Bonham, que sustituye a su padre a la batería. Entre el público hay muchos músicos de renombre que tocan el mismo instrumento. Y matarían por estar en su puesto. 

El sonido comienza siendo desastroso. No mejorará hasta la quinta canción. Una de las grandes carencias de la banda es la acusada pérdida de voz de Robert Plant. Todos los temas están afinados en una tonalidad mucho más baja. 

El material que tocan es imprescindible, desde luego. No hay improvisaciones como en sus tiempos de gloria. Y es que el grupo que fueron en los años 70, por mucho que Jimmy Page se empeñe, ya no existe. 

La magia no volverá a repetirse. Y ahora que dos de ellos son octogenarios y el otro está a punto de serlo, es improbable que vuelvan a reunirse. 

Sunpongo que ya lo he dicho, pero lo volveré a decir: Led Zeppelin es una de las grandes bandas de rock and roll de todos los tiempos. Cada uno de sus discos suena muy diferente al anterior. En cierto modo, hacen en los años 70 lo que The Beatles en los 60. Y creo que la percepción que muchos tienen de ambos grupos es muy equivocada.

Ni The Beatles son un grupo pop, ni Led Zeppelin es una banda de heavy metal. Como dicen The Rolling Stones: “Es sólo rock and roll, pero me gusta”. Ni más, ni menos.

La próxima semana llegará algo muy diferente.

¿Te animas a venir? 

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