
Después de la caída. Un Nuevo Renacimiento.
La Creedence Clearwater Revival había desaparecido para siempre, aunque su legado siguió y sigue presente, y todavía queda mucho por contar, así que trataré de comprimirlo en esta última entrada dedicada a la legendaria banda, y sobre todo, a su líder.
John Fogerty, como ya apunté en la anterior entrada, tras su disco homónimo de 1975 con Asylum Records, que pagó un millón de dólares de la época por hacerse con su contrato, se separó de su primera mujer y entró en un período de depresión, alcoholismo y juicios por sus derechos como autor, que le mantuvo alejado de los estudios de grabación durante una década.
En 1985 volvió con Centerfield, disco que le devolvió al número 1 de las listas de éxitos. Pero también agravó sus problemas con Fantasy Records, o más bien, con Saul Zaentz, que parecía haber nacido para amargar la vida del pobre John, al que este se refiere en las canciones Zanz kant danz y Mr. Greed. En la primera de ellas, lo describe como un cerdo que no sabe bailar, pero sí robar tu dinero. John grabó una nueva versión del tema, cambiando el nombre de “Zanz” por “Vanz”. En el segundo de los temas, su traducción lo dice todo: Señor Codicia.
Y, por increíble que parezca, como Fantasy Records tenía los derechos de publicación de todas las canciones de la Creedence Clearwater Revival, John fue acusado de copiarse a sí mismo, en The old man down the road, el primer sencillo del elepé, que se parece a Run through the jungle, de la Creedence, por una obscena cantidad de millones de dólares, y tuvo que demostrar las diferencias de composición ante un jurado. Ganó este juicio absurdo, pero perdió los anteriores por difamación, a pesar de cambiar las letras. Los insultos eran demasiado evidentes.
Saul Zaentz fue importante no solo como ejecutivo discográfico, cuyo mayor “mérito” fue lucrarse durante una buena parte de su vida, de la música de John, sino un productor de películas, no muy prolífico, pero ganador de tres Oscars, por “Alguien voló sobre el nido del cuco”, “Amadeus” y “El paciente inglés”. Nacido en Nueva Jersey, de padres judíos, murió en el 2014, con casi 93 años, gran parte de ellos vividos con gran comodidad gracias en gran parte a las enormes cantidades de dinero que le proporcionaban las canciones compuestas por John Fogerty .
Como también apunté en la anterior entrega, Tom Fogerty, que se había mudado a una pequeña localidad de Arizona. Murió, en 1990, a los 48 años. Había contraído el Sida tras una operación para aliviar sus dolores de espalda, en la que recibió una transfusión de sangre infectada. A raíz de ello, enfermó de tuberculosis, que fue la causa oficial de su muerte. Tom había apoyado a Fantasy Records y a Saul Zaentz contra su hermano en la disputa por las canciones de John. Y nunca llegaron a hacer las paces.
En 1990, John viajó a Misisipi buscando inspiración para sus composiciones. Visitó la tumba de Robert Johnson, de cuya leyenda demoníaca también podríamos hablar algún día.
Tampoco llego a reconciliarse ni con el bajista ni el batería de la banda. La Creedence entró en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1993. John no quiso actuar durante la ceremonia junto a sus dos antiguos compañeros. En su lugar contrató a músicos de sesión de Los Ángeles e invitó a, entre otros, Bruce Springsteen, que le acompañaron en tres canciones míticas de la banda.
Saul Zaent se había servido de trampas legales para quedarse con todas las canciones de John, actuando entre las sombras. Le bastaba con tener la firma de la mayoría de los miembros del grupo. Y de los cuatro, tres dibujaron su rúbrica en el papel, incluido su hermano.
Pero la traición de sus dos antiguos compañeros desde la adolescencia se agravó en 1995, cuando fundaron un grupo llamado Creedence Clearwater Revisited, en connivencia con Fantasy Records. John puso una demanda, pero en 1997 el juez dio la razón a los otros dos, permitiéndoles usar las canciones de John a lo largo del mundo, con las que tuvieron un enorme éxito. El público deseaba ver a la Creedence, pero esta versión de la banda no dejaba de ser una burda farsa.
Aparte de esta clamorosa infamia, 1997 fue un buen año para John Fogerty. Publicó un álbum llamado Blue moon swamp, con el que ganó el Grammy al Mejor Disco de Rock del Año. También, tras un cuarto de siglo de pleitos, John podía volver a tocar sus propias canciones sin tener que pedir permiso y pagar por ello.
En el 2004, Concord Records compró Fantasy Records, lo que puso fin a la lucha de John con su antiguo sello, y pudo cobrar regalías por las composiciones millonarias de la Creedence, a las que hasta entonces no pudo acceder.
A partir de entonces, cuando escribo, y ya estamos en 2026, John ha grabado varios discos más, muchos con nuevas versiones de la Creedence. Otros han sido nominados al Grammy, pero lo cierto es que lo mejor de su producción lo escribió cuando era un veinteañero, y en poco más de dos años, lo que no implica objeción alguna, todo lo contrario, lo convierte en uno de los grandes compositores de la historia, y uno de los que más rápido dio sus mejores frutos.
Con Concord, la nueva discográfica, la situación mejoró, pero no tanto como para que quisieran deshacerse del catálogo de la Creedence, y es que, hoy en día sigue produciendo mucho dinero. Muchos músicos de primer orden, como Bruce Springsteen, Neil Young, o Bob Dylan, se han deshecho de su cancionero a cambio de cientos de millones de dólares. John viajó en dirección contraria. Tuvo que pagar una gran cantidad de dinero para recuperar los derechos de publicación de sus canciones, lo que ocurrió en 2023, más de medio siglo después de haberlas perdido.
En agosto de 2025 apareció Legacy: Creedence Clearwater Revival years (John´s version), en el recrea 20 canciones de la banda legendaria de la que fue el alma y el motor creativo en los últimos años de la década de los 60 y en los primeros de los 70. En él participan como músicos sus dos hijos varones, ya que también tiene dos hijas. En mi opinión, y aunque el álbum se denomine “Legado”, nada nuevo aporta al excelso cancionero de John Fogerty, pero puede que sea una buena forma de regresar a sus composiciones. Desde hace años se le reconoce como lo que siempre fue. Uno de los grandes escritores de canciones de la historia.
El músico actuó en España por primera en 2009, y desde entonces lo ha hecho varias veces más. Por desgracia, yo no he tenido el privilegio de verle. Y aunque ya es un respetable octogenario, espero que regrese a la Península Ibérica unas cuantas veces más.
Larga Vida al Rock and Roll, a John Fogerty y a la Creedence Clearwater Revival.
